Actitud consciente /An awareness of attitude

Si consigues identificar la actitud que tienes hacia las cosas, hechos o personas, y darte cuenta de las emociones que ello provoca en tu interior, habrás dado un paso de gigante. Si, además, te das cuenta de las que te perjudican y cambias, habrás llegado a la consciencia. Si reconoces estos cambios y los beneficios que te han traído y los aplicas a todos los aspectos de la vida,  habrás conseguido el objetivo de un tener una actitud consciente.

Yo estoy en ello, ¿y tú? I´m on it, and you?

Actitud/Attitude

Me enamoré de la palabra actitud desde que descubrí el gran poder que tenía sobre mi persona, pero más aún, cuando descubrí el poder que tenía yo para cambiarla. Las personas somos máquinas de valorar y generar opiniones de todo lo que nos rodea y de todas nuestras interactuaciones. No hay nada, objeto, acción o persona sobre la que no emitamos una valoración. Y es que la actitud es la posición que tomamos frente a las cosas [1]. Así de simple a la vez que así de complejo, porque la visión que tenemos de algo o alguien se forma en función de muchos factores de muy diversa naturaleza como: sociales, emocionales, de personalidad, situacionales, de educación, por citar algunos. Las situaciones y tareas que tenemos que afrontar en la vida, ya sean cotidianas, extraordinarias, fatales, divertidas o inesperadas, ponen a prueba nuestra capacidad de reacción y la conducta que exhibimos al hacerles frente dice mucho de nosotros y es reflejo de nuestra actitud hacia el hecho provocador de la conducta. Por tanto, la actitud también predice, hasta cierto punto, de qué manera nos comportaremos en un futuro.

Examina tu conducta, ¿de qué manera te muestras al mundo? ¿Eres acaso de los que evitan todos los problemas y sales huyendo en espera de que se resuelvan por ignorarlos? ¿Eres de los que buscan la confrontación constante intentando llevar la razón? ¿Perteneces al grupo del afrontamiento positivo de los que se enfrentan a los problemas y tratan de solucionarlos? Ni que decir tiene, que los dos primeros no son nada adaptativos, te van a dar muchos quebraderos de cabeza a ti y a los que te rodean, así que, por favor, si aún no lo estás, únete al tercer grupo.

Es verdad que la mayoría de las cosas que nos pasan son de carácter externo y a veces no las podemos evitar, pero nuestra actitud hacia ellas sí es cosa nuestra. Cambiar el punto de vista, la opinión y la valoración de algo, si vemos que nuestra salud psíquica y física o nuestras relaciones sociales se ven afectadas, evitará que entremos en un bucle de problemas encadenados provocados por esa cerrazón. Por eso la actitud es tan importante en la vida, de ella depende que salgamos airosos o esquilados.

Ser consciente/Be aware

Otra palabra que me encanta o, mejor dicho dos, es ser consciente. La descubrí cuando me interesé por la disciplina de Mindfulness. Esta te enseña que hay vivir en el presente, prestar atención a las señales que tu cuerpo te manda y que tus sentidos perciben aquí y ahora. ¿Cuántas veces te pillas a ti mismo pensando en lo que hiciste hace días o en lo que te pasó o en lo que crees que te va a pasar mañana sin disfrutar el momento presente? Y no se trata de perder la memoria de todo lo que hemos hecho ni tampoco de olvidar lo que tenemos que hacer mañana, se trata de poner a cada cosa en su sitio o, mejor dicho, dejar cada cosa en su momento y prestarle la atención justa y el tiempo necesario para resolverla cuando toque.

Muchas veces algo de tu pasado reciente o lejano se te mete en la cabeza como una musiquilla pesada y pegadiza, que no te deja pensar en nada más. Eso es una rumiación, le das vueltas a esa idea sin digerirla, como una vaca rumia una y otra vez su comida. La diferencia entre la vaca y tú, además de lo obvio, es que la vaca lo consigue y que no tiene una conciencia que la desvele. Por eso los humanos no somos rumiantes y una mala digestión nos hace pasar una mala noche.

Pero no pienses que las rumiaciones vienen solo del pasado, también regresan del futuro. Sí, porque a veces estás muy seguro de que eso tan importante que tienes que hacer mañana te va a salir mal o de que te vas a poner malo. Y, ¿por qué crees eso? Lo único que estás haciendo es anticipar una obsesión, un miedo y eso se llama ansiedad, la anticipación de algo, en la creencia de que ocurrirá seguro, aunque no haya nada que así lo indique.

No vas a evitar que, tanto una como otra, la rumiación y la ansiedad, llamen una y otra vez a la puerta de tu consciencia. Pero ahí estás tú para abrir la puerta o no. Si la abres, saluda, déjales continuar, enséñales quién manda y que se vayan; no les alquiles una habitación en tu cerebro porque, si no, se quedarán a vivir de okupas, para siempre. Si eres consciente del momento en el que estás y te centras en el aquí y en el ahora puedes perfectamente controlar esos viajes en el tiempo que no te benefician nada.

Cuando en el día a día sentimos emociones de ira, envidia o simplemente malestar, nuestras mentes tratan de culpabilizar al elemento que lo ha provocado y en realidad es el diablillo que habita en nuestras mentes que constantemente te hace creer que la culpa la tiene siempre otro y se empeña en recordarte todo aquello que lo confirma. Refugiándose en la plena consciencia del presente, aprendemos hábitos saludables[2] para quedarnos ahí y no viajar a la ansiedad de lo que pueda pasar mañana o a la rumiación de lo que pudo pasar ayer. Y así, ponemos en evidencia lo que verdaderamente nos provoca esas emociones tan intensas ante cualquier pequeña señal. Y nos damos cuenta de que somos nosotros mismos con nuestras obsesiones.

 

[1]  Mercedes López, "Actitudes," en Introducción a La Psicología Social, eds. Elena Gaviria, Isabel Cuadrado and Mercedes López (Madrid: Sanz y Torres: UNED, 2009), 165-202.
[2]  Ronald Siegel, La Solución Mindfulness. Prácticas Cotidianas Para Problemas Cotidianos, 2ª ed. (Bilbao: Desclée De Brouwer, 2012).


			

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